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Arboles Historicos.

 nacascolo.

nacascolo.

En épocas antiguas, nuestros antepasados indígenas sepultaban a sus deudos envueltos únicamente en un rustico petate, usando como tarima fúnebre un mísero tapesco, amarrado con cascaras de Jiñocuabo.  Para el ritual velatorio utilizaban como capilla, dos famosos arboles de gran follaje: El Nacascolo y El Guapinol, en donde colocaban a su difuntito rodeado de múltiples velitas y gran diversidad de candiles. Mientras hacían sus rezos, departían con los concurrentes jarritos de humeante café y en ocasiones acompañado de la infaltable cuzusa o chicha de maíz fermentado, la cual extraían de sus calabazos elaborados de una planta llamada: Jícaro Sabanero. Estos árboles tienen una existencia, de más de 500 años y perduran por la gracia de nuestro Creador, hasta nuestros días. Hoy se les puede ver como testigos mudos del paso de tantos funerales, antiguos y modernos, ubicados a cierta distancia el uno del otro, en el centro de nuestro actual cementerio.


En el departamento de cultura, nos hacemos las siguientes preguntas, a manera de mística, y a su vez como una reflexión para nuestras vidas: ¿Hasta cuándo vamos a valorizar nuestra forma de ver a través del tiempo: el origen y finalidad de nuestra existencia? ¿Hasta cuándo nos vamos a dar cuenta del valor histórico que tienen ciertas cosas de valor tan sentimental, como: el árbol de Nacascolo y el antiquísimo Guapinol?     Ellos cual si fuesen arboles parlantes nos hablan a gritos: de que ya no seamos egoístas ni esclavos del materialismo individualista, que provoca tanto daño a otros seres humanos que son más vulnerables  que nosotros; y nos reiteran en alta voz a manera de una exhortación muy apremiante, a no destruir mas nuestras cuencas hidrográficas ni que sigamos destruyendo mas nuestro planeta.   Y es que nuestros dos árboles de la historia anterior tienen toda la razón y la autoridad experimental para hablarnos con estas frases tan autoritativas: Ellos a sus pies vieron,a una gran cantidad de familiares, llorar a tantos difuntos de diversas edades, sexo, color y distintos tamaños…vieron sonreír y charlar a muchas viejecitas desdentadas de caritas cándidas y mirar Chorotega. Vieron rezar y comer a muchos niñitos de piecitos descalzos y manitos curtidas por la resequedad del sol a causa del cultivo de la tierra…y las inclemencias del tiempo. No hagamos oídos sordos al consejo de estos dos árboles amigos.

Autor: Lic.Justo Lòpez Iglesias.